Utilizados conjuntamente, la sauna y el jacuzzi forman uno de los rituales de bienestar más completos que puedan imaginarse. El calor seco de la sauna prepara el cuerpo; el calor estimulante del jacuzzi completa la liberación.
Primer paso: la sauna
Pase entre 8 y 15 minutos en la sauna para elevar la temperatura central y abrir los poros. Esto activa la circulación, elimina toxinas y suaviza los músculos. La transición del aire seco al agua debe ser tranquila y deliberada.
Segundo paso - El jacuzzi
Tras un breve periodo de enfriamiento (ducha o piscina refrescante durante al menos el mismo tiempo que en la sauna, por ejemplo 15 minutos), sumérjase en el jacuzzi. El suave hidromasaje de las burbujas alivia los músculos recién calentados y estabiliza el flujo sanguíneo. Es el contrapeso perfecto a la intensidad seca de la sauna. No pases más de 15 minutos en la bañera de hidromasaje/jacuzzi, ya que puedes sobrecalentarte o marearte.
Vuelva a enfriarse después. No vuelvas directamente del jacuzzi a la sauna: volverías a sobrecalentarte y te marearías, sobrecargando tu cuerpo. Refréscate de nuevo durante al menos 15-20 minutos con una ducha fría.
Por qué funciona
- Combina la desintoxicación con la hidratación.
- Mejora la elasticidad vascular y el intercambio de oxígeno.
- Reduce el estrés y mejora la calidad del sueño.
En Spa Emeralda, Alternar sauna y jacuzzi es un arte: el calor purifica y el agua renueva. Juntos llevan al cuerpo a una tranquila armonía.
